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Achával Ferrer, un ícono argentino

Porque sus vinos le dan batalla a las mejores etiquetas del planeta, les propongo sumergirnos en la intimidad de una de esas pocas bodegas que sorprenden y dan orgullo. Bienvenidos al mundo de Achával Ferrer.

Seamos sinceros: aunque el vino argentino ha ido ganando espacio (y lo hace cada día más) en el mercado mundial, competir con países como Francia, Italia o España aún es una tarea algo complicada para las etiquetas nacionales. Con la salvedad, claro, de algunas pocas excepciones dentro de las que Achával Ferrer suele estar incluida.

Aunque hoy en día es una bodega reconocida, sus inicios se remontan tan solo a algunos años atrás, en 1998, cuando un grupo de amigos argentinos e italianos decidieron imponerse un compromiso: el de basar su tarea en la calidad y el respeto por el territorio para, así, dar origen a grandes vinos… vinos que hoy representan orgullosamente a nuestro país en New York, Barcelona, Tokyo o Singapore. Fue así como, comandados por el reconocido winemaker italiano especializado en vinos de pequeña producción, Roberto Cipresso, comenzaron a elaborar las primeras cosechas de vinos que, en todos los casos, tienen al Malbec como estrella.

Medallas, reconocimientos y halagos de los periodistas y sommeliers más afamados del planeta. Algo así es la realidad que le toca vivir a Achával Ferrer y, claro, a sus vinos. Ya es sabido que el Malbec está causando sensación desde hace un par de años en el mundo. A los consumidores les intriga, lo prueban, les encanta… y eso es también lo que la prensa refleja, dándole un espacio especial a los vinos de Argentina (si son Malbec, mejor aún). Y en esa categoría, los tintos de Achával Ferrer ocupan un merecido lugar.

De hecho, hace algunos años la reconocida revista Wine Spectator le dio al Finca Altamira 2003 la puntuación más alta que jamás haya obtenido un vino argentino en la historia. Y así la revista británica Decanter o Robert Parker, por nombrar simplemente a tres de los más importantes referentes, solo tienen palabras de admiración.

 

El ABC de Achával Ferrer

Si existe algo de lo cual, lamentablemente, carecen muchas de las empresas de nuestro país es la capacidad de visión a largo plazo. Como cualquier proyecto, para lograr ser exitosos dentro de la industria vitivinícola es preciso ser pacientes y contar con planes estratégicos inteligentes en el largo plazo. Es eso, justamente, lo que ha entendido Achával Ferrer al plantearse una trilogía de conceptos que guían su forma de trabajo: el terruño, el vino de autor y el varietal. Cada una de estas ideas está representada en alguna de sus etiquetas y, en todos los casos, el resultado es sobresaliente.

Dentro de esa filosofía de trabajo, la misión de la bodega habla de hacer vinos tintos de ‘calidad extrema’. Y yo me pregunto ¿Qué significará ‘calidad extrema’? Fue ahí cuando probé el Finca Altamira, y ya no me quedaron dudas.

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