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Sémillon Gris: la nueva variedad de uva que tiene siglos de historia

El Sémillon Gris acaba de ser reconocido oficialmente como una variedad independiente, pero su historia se remonta a los viejos viñedos del Cabo. Una mutación natural del Sémillon Blanc que sobrevivió durante generaciones acaba de conseguir, varios siglos después, una identidad propia.

El mundo del vino acaba de sumar una nueva variedad a sus registros oficiales, aunque sus raíces se hunden varios siglos en la historia del Cabo. El Sémillon Gris, una mutación natural del Sémillon Blanc, fue incorporado en 2026 a la lista internacional de variedades de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), con Sudáfrica como país de origen. El reconocimiento llega después de más de una década de trabajo para identificar, seleccionar, propagar y certificar material vegetal procedente de viejos viñedos sudafricanos.

La historia, sin embargo, comenzó mucho antes de que la variedad tuviera un nombre propio. El Sémillon Gris no nació en un vivero ni fue creado mediante un cruzamiento dirigido, sino que apareció como una mutación natural del Sémillon Blanc y convivió durante generaciones con su antecesor en los viñedos del Cabo. La diferencia que hoy permite hablar de una variedad independiente fue durante mucho tiempo apenas una curiosidad entre las plantas de Sémillon que crecían en esas antiguas parcelas.

Cuando el Sémillon dominaba Sudáfrica

El Sémillon llegó a Sudáfrica desde Europa hacia finales del siglo XVII y durante el siglo XIX se convirtió en una de las variedades más importantes del país. Los viticultores lo conocían como Groendruif, un nombre que puede traducirse como “uva verde” y que hacía referencia al color de sus bayas. En medio de aquellos antiguos viñedos, sin embargo, comenzaron a aparecer algunas plantas cuyos racimos presentaban una característica diferente: sus bayas podían adquirir tonalidades rosadas, rojizas o cobrizas en lugar del habitual verde amarillento del Sémillon.

Aquellas plantas no eran otra especie ni el resultado de una selección deliberada. Se trataba de Sémillon que había sufrido una mutación natural y que, con el tiempo, comenzó a ser identificado por los viticultores del Cabo como Rooi-Groendruif o Rooi-Groen, términos que aluden a esa combinación entre la “uva verde” y su coloración rojiza. La diferencia, sin embargo, no tenía suficiente importancia práctica como para justificar una separación del Sémillon Blanc: ambas formas podían crecer en el mismo viñedo, cosecharse juntas y terminar en el mismo vino.

Una mutación que podía cambiar de color

El comportamiento del Sémillon Gris es todavía más particular porque la diferencia de color no siempre se manifiesta de manera completamente estable. Algunas de las plantas estudiadas en los viejos viñedos sudafricanos podían producir racimos coloreados en determinados años y volver a presentar bayas verdes en otros, una característica que contribuyó a que durante mucho tiempo fueran consideradas simplemente una variante dentro de las poblaciones de Sémillon.

La pigmentación, de todos modos, no es un detalle menor. Mientras las bayas del Sémillon Blanc suelen presentar tonalidades verdes o amarillentas, las del Sémillon Gris pueden desarrollar una piel rosada, rojiza o cobriza, y esa diferencia puede trasladarse también a la elaboración del vino. Se ha planteado que una mayor pigmentación podría estar relacionada con una adaptación a las condiciones ambientales del Cabo, particularmente con la exposición solar y la radiación ultravioleta, aunque esta explicación debe entenderse como una hipótesis y no como una causa definitivamente demostrada de la mutación.

De variedad dominante a casi desaparecer

La historia del Sémillon Gris estuvo cerca de terminar mucho antes de que el mundo del vino se interesara por recuperarlo. La llegada de la filoxera y la posterior transformación de la viticultura sudafricana provocaron el arranque y la replantación de numerosos viñedos, mientras que el Sémillon fue perdiendo protagonismo frente a otras variedades. Las plantas de Sémillon Gris que habían sobrevivido mezcladas entre las poblaciones de Sémillon Blanc quedaron así reducidas a pequeñas poblaciones o ejemplares aislados.

El problema era especialmente delicado porque el Sémillon Gris ni siquiera estaba formalmente diferenciado del Sémillon Blanc. Si aquellas plantas desaparecían, no necesariamente habría registros que permitieran saber qué se había perdido. Por eso, los viejos viñedos que conservaron ejemplares de esta mutación adquirieron con el tiempo un valor que iba mucho más allá de su producción: se convirtieron en verdaderos reservorios de diversidad genética de la viticultura del Cabo.

El rescate de una variedad olvidada

Uno de esos lugares fue un antiguo viñedo de secano plantado en 1960 en Swartland, donde todavía convivían Sémillon Blanc y una población significativa de Sémillon Gris. A partir de ese material, Andrea y Chris Mullineux, junto con la viticultora Rosa Kruger, comenzaron en 2012 un proceso de selección que terminaría cambiando el destino de la variedad.

El trabajo no consistió simplemente en tomar algunos esquejes y trasladarlos a otra parcela. El material vegetal fue sometido a termoterapia in vitro para eliminar patógenos y posteriormente comenzó un proceso de propagación, evaluación y certificación en colaboración con Vititec, SAWIS y el Departamento de Agricultura de Sudáfrica. En 2022 se estableció en Roundstone, la propiedad de Mullineux & Leeu Family Wines, un bloque madre de aproximadamente una hectárea destinado a conservar y multiplicar material certificado de Sémillon Gris.

La importancia de ese bloque va más allá de su tamaño. Un bloque madre permite disponer de material vegetal sano y certificado para futuras plantaciones y, en este caso, significa que el Sémillon Gris puede dejar de depender de unas pocas plantas antiguas para garantizar su supervivencia. Después de más de una década de selección y propagación, aquella parcela se convirtió en el punto de partida para que la variedad pudiera entrar en una nueva etapa de su historia.

El reconocimiento que llegó en 2026

El último capítulo llegó en 2026, cuando la OIV incorporó al Sémillon Gris a su lista internacional de variedades y lo reconoció oficialmente como una variedad diferenciada del Sémillon Blanc. Para una uva que durante siglos había sido considerada apenas una variante dentro de otra población, la decisión tiene una importancia que excede la clasificación ampelográfica.

El reconocimiento permite consolidar una identidad que ya existía en el viñedo y facilita que el material vegetal pueda ser propagado, investigado y plantado bajo su propio nombre. También abre una posibilidad que hasta hace pocos años era mucho más difícil: que los consumidores puedan encontrar vinos identificados explícitamente como Sémillon Gris y comenzar a conocer una variedad que durante generaciones permaneció prácticamente escondida.

¿Qué podemos esperar en la copa?

La diferencia que se observa en el viñedo también puede expresarse en el vino. Los ejemplares elaborados a partir de Sémillon Gris pueden conservar algunas de las características que asociamos con el Sémillon, como una textura marcada, volumen y cierta sensación cerosa, pero también pueden mostrar perfiles de fruta de carozo, cítricos, manzana, flores, hierbas y especias.

Como ocurre con cualquier variedad, el resultado dependerá tanto del lugar donde crece como de las decisiones tomadas durante la elaboración. Puede vinificarse como un blanco convencional, buscando preservar frescura y expresión frutal, o trabajarse con mayor contacto con las pieles para obtener más textura y desarrollar tonalidades doradas, cobrizas o ligeramente rosadas.

Uno de los ejemplos más conocidos es The Gris, el vino de Mullineux elaborado a partir de viejas plantas de Sémillon Gris del Swartland. Durante años, el vino tuvo que comercializarse como Sémillon porque la variante todavía no contaba con reconocimiento oficial como variedad independiente. La incorporación del Sémillon Gris a la lista de la OIV cambia ahora ese escenario y permite que la identidad de la uva pueda empezar a trasladarse también a las etiquetas.

Una variedad nueva con una historia antigua

La historia del Sémillon Gris dice bastante sobre la manera en que construimos nuestro mapa de variedades. Una planta puede sobrevivir durante generaciones en un viñedo y, sin embargo, permanecer prácticamente invisible mientras no exista una clasificación, un programa de selección o alguien dispuesto a preguntarse si aquella diferencia merece ser estudiada.

Durante siglos, el Sémillon Gris creció junto al Sémillon Blanc en los viejos viñedos del Cabo. Sobrevivió a la transformación de la viticultura sudafricana y llegó hasta nuestros días gracias a unas pocas parcelas antiguas y al trabajo de quienes entendieron que ese material vegetal tenía un valor que iba más allá de su rareza.

Lo que cambió en 2026 no fue la uva, sino nuestra manera de reconocerla. El Sémillon Gris puede ser una nueva variedad para la clasificación internacional y, al mismo tiempo, una de las más antiguas historias que todavía podemos encontrar en una copa de vino.

Si todavía no tenés demasiado presente qué está pasando en sus viñedos, este episodio del podcast se mete de lleno en el tema y recorre algunas de las claves para entender los vinos sudafricanos

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