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Entrevista con Marina Beltrame

Marina es la directora de la Escuela Argentina de Sommeliers, y una de las primeras profesionales en el área del país. Aquí, hablamos con ella sobre el inigualable placer que despiertan los grandes vinos.

¿A quién no le gustaría, alguna vez, hacer de su trabajo un lujo en sí mismo? Usted y yo, amantes del vino, conocemos bien lo que se siente cuando tenemos la posibilidad de disfrutar de los momentos inigualables que esta bebida nos regala día tras día. Por eso puede resultar imaginable que quienes tenemos la suerte de trabajar en este universo, vivamos nuestra tarea como un placer que nunca termina. Marina Beltrame, directora de la Escuela Argentina de Sommeliers, no es la excepción que confirma la regla.

Marina, ¿cuál es su lujo? Mis lujos… ¡Por suerte son tantos! Creo que el más importante es el vino. Yo siempre lo tomé como un placer, hoy lo sigo tomando como tal y creo que, en definitiva, en los tiempos que corren, disfrutar un buen vino es un verdadero lujo.

Hay muchas cosas que probé y oportunidades que tuve que jamás las hubiese podido disfrutar si no fuese por mi trabajo. Y es que tomar un vino es la posibilidad de vivir una experiencia única; probar una gran etiqueta en su lugar de origen, por ejemplo, es insuperable. También en un lindo restaurante, o en compañía de gente que lo sepa apreciar. O sea, esos son pequeños lujos; acercarse a vinos a los que realmente no podría acceder por su precio o porque hay pocas botellas es algo único y eso, claro, está íntimamente ligado con el disfrute.

Cuéntenos cuáles fueron los momentos inolvidables que disfrutó en compañía del vino. ¡Un montón! Tal vez los mejores recuerdos vienen de cuando cursé la carrera en Francia, donde probábamos únicamente vinos de allí.

Por supuesto que había vinos mejores y otros no tanto, pero como yo entraba en eso, todo me parecía extraordinario. Empecé con cosas espectaculares: hacíamos catas de vinos alsacianos con 20 ó 30 muestras presentadas por los enólogos de cada bodega todas las semanas; y si no era Alsacia, era Loire, o Ródano y todos los días, todas las clases, teníamos ese placer. Y, además, recién me iniciaba en este mundo; tenía mi capacidad de asombro intacta, y eso te permite emocionarte cuando se está en frente de aquellos vinos gloriosos.

¿Cuál es “ese” lujo que siempre se quiso dar y, por alguna razón, nunca pudo? Creo que el lujo pendiente sería seguir viajando. Tengo todavía algunos lugares pendientes como Portugal o Hungría, a donde nunca fui. A Estados Unidos, por ejemplo, he ido hace mucho tiempo pero me encantaría poder visitar otra vez, lo mismo que a Sudáfrica. Otro lugar al que me gustaría volver seguro es La Toscana… allí volvería veinte mil veces más.

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