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Dos horas en el cielo

Quiero contarles esta anécdota que surgió hace algún tiempito, de paseo por la hermosa villa de Montalcino, en la Toscana italiana. 120 minutos bebiendo algunos de los mejores vinos del mundo… de a copas.

El concepto está bien extendido, pero no por eso pierde su cualidad de verdad absoluta: la mejor manera de aprender sobre vinos es bebiéndolos. El problema es que a veces, por sobre la calidad, es la cantidad la que nos da un parámetro certero del estilo de un vino.

A ver, se los paso en limpio: para realmente conocer de qué se trata el Brunello di Montalcino, por citar un ejemplo, lo mejor a mi criterio es beber varios de ellos. Probar los buenos y los no tanto, los elaborados por bodegas enormes y también los que fueron creados desde pequeños emprendimientos. Probar los más jóvenes junto a los viejos y los más reconocidos por la prensa internacional junto a los ignotos. Claro, todo esto suena perfecto en el papel, pero llevarlo a la práctica no es del todo fácil. Por tiempos, por salud. Y también por costos.

Por eso la posibilidad de beber vinos por copa es la solución ideal.

¿Y qué tiene esto que ver con mis “dos horas en el cielo”? Pues bien, resulta que en pleno centro de Montalcino, a media cuadra de la plaza central, Enoteca Di Piazza ofrece exactamente 100 vinos de la región que pueden catarse por copa y, además, el ofrecimiento llega de la mano de un sistema muy interesante.

Al llegar, el visitante puede comprar una “Drink Card” con una carga de 50 euros. Es una tarjeta igual a las de crédito que se debe insertar en distintas ranuras ubicadas en el lado superior de un gran dispenser que acumula una fila interminable de botellas de vino. Arriba de cada botella figura el costo de la medida y, apretando un botoncito, el visitante puede servirse unos 10 centilitros del tinto que eligió. Ese costo (que fluctúa entre 1 y 10 euros, dependiendo el precio del vino en cuestión) se va debitando de la tarjeta.

El objetivo de la vinoteca es ofrecerle al cliente la posibilidad de probar antes el vino que va a llevar. Así, si por ejemplo aún quedaban 30 euros de carga en la tarjeta pero uno “descubrió” el vino que quiere llevarse a casa, esos 30 euros quedan “a favor” del cliente. De lo contrario puede hacerse como en mi caso puntual, que preferí “catar” esos 50 euros sin traer nada de vuelta.

Lo más interesante es que la selección de vinos es muy amplia, ya que hay desde Rosso di Montalcino hasta grandes Brunellos y los Supertoscanos más afamados. Vinos desde los 20 euros hasta los 200, y todos conviviendo en la más absoluta armonía. Así se tiene la posibilidad de probar una copa de grandes etiquetas como el prestigioso Sassicaia por 9 euros (mientras que la botella entera tiene un valor de 180).

No es la única vinoteca en el mundo con este sistema, desde ya que no, pero eso no le quita encanto. En www.enotecadipiazza.com pueden ver un poquito de qué se trata la aventura, pero ténganlo en cuenta si, de visita por Montalcino, les sorprende la curiosidad de catar y catar.

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