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¿Qué son los vinos glou-glou y por qué todos hablan de ellos?

No tienen una categoría oficial ni una receta única, pero comparten una característica que explica buena parte de su éxito. Son vinos frescos, ligeros y fáciles de beber que están cambiando la forma de acercarse a una botella. ¿Qué son los vinos glou-glou y por qué cada vez escuchamos más este nombre?

Durante mucho tiempo, el mundo del vino pareció avanzar en una dirección bastante clara. Más concentración, más estructura, más alcohol, más madera y más tiempo de guarda. Un vino intenso era un vino importante y cuanto más tiempo pudiera evolucionar en botella, mayor parecía ser su valor.

Pero mientras esa idea sigue ocupando un lugar central en buena parte de la industria, otra corriente viene ganando espacio desde hace algunos años.

Son vinos ligeros, jugosos, de buena acidez, fruta evidente y taninos suaves. Vinos que no necesitan una ocasión especial ni una explicación demasiado larga y que, en algunos casos, se disfrutan mejor con unos grados menos de temperatura.

En Francia encontraron una palabra bastante gráfica para describirlos. Glou-glou.

Qué son los vinos glou-glou

Los vinos glou-glou son vinos frescos, ligeros y fáciles de beber. El término no define una categoría oficial, una variedad ni una región, sino una experiencia de consumo.

La expresión es una onomatopeya que imita el sonido del vino al beberlo, algo parecido a nuestro “glu glu”. En el mundo del vino se utiliza para describir aquellas botellas que resultan tan agradables y fáciles de tomar que naturalmente invitan a volver a llenar la copa.

No existe una receta única para hacer un vino glou-glou, pero hay algunas características que se repiten. Suelen ser vinos de cuerpo ligero o medio, con fruta fresca, buena acidez, taninos moderados y, con frecuencia, niveles de alcohol más bajos que los de los tintos asociados tradicionalmente con la potencia y la concentración.

En muchos casos, la elaboración busca preservar la frescura y la expresión más directa de la uva. Hay menos extracción, poco o ningún protagonismo de la madera y, en algunas regiones, técnicas como la maceración carbónica, famosa por su uso en Beaujolais.

El resultado son vinos frutales, ágiles y especialmente fáciles de beber.

Las variedades y estilos que mejor expresan esta tendencia

Algunas variedades parecen sentirse especialmente cómodas dentro del universo glou-glou. Gamay, Pinot Noir, Cinsault, Garnacha, Trousseau o Carignan aparecen con frecuencia en este tipo de vinos por su capacidad para ofrecer perfiles más ligeros, frutales y de buena acidez.

En Argentina podríamos sumar ciertos estilos de Criolla e incluso Malbecs trabajados desde un lugar diferente, con menos extracción y madera y una búsqueda mayor de frescura.

Pero sería un error pensar que el carácter glou-glou depende solamente de la variedad.

La diferencia también está en las decisiones que se toman desde el viñedo hasta la bodega. El momento de cosecha, el nivel de extracción, el método de fermentación, el uso de madera y el grado de alcohol buscado terminan definiendo cómo se siente el vino cuando lo tomamos.

Y en los vinos glou-glou la sensación suele ser de ligereza.

Tintos frescos para nuevas ocasiones de consumo

Quizás uno de los cambios más interesantes tenga que ver con la temperatura.

Durante años nos enseñaron que el vino tinto se toma a temperatura ambiente, aunque esa recomendación resulta cada vez más confusa en lugares donde la temperatura ambiente puede superar ampliamente los 20 grados. Hoy es habitual encontrar tintos que mejoran cuando se sirven ligeramente frescos.

Un Gamay, un Pinot Noir o un tinto ligero pueden expresar mejor su fruta y su acidez con unos grados menos de temperatura. El objetivo no es ocultar defectos, sino mostrar una cara diferente del vino, más ágil, refrescante y gastronómica.

Eso también cambia la ocasión de consumo.

Un tinto fresco puede acompañar una pizza, una picada, un almuerzo al aire libre o una tarde de verano. No necesita esperar a una carne roja ni a una noche fría para tener sentido.

El vino deja de pedir que la ocasión esté a la altura de la botella y empieza a adaptarse a la ocasión.

Una forma diferente de entender el placer de beber vino

Los vinos glou-glou no reemplazan a los grandes vinos de guarda ni cuestionan la importancia del terroir, la complejidad o la capacidad de evolución. Lo que hacen es ampliar el mapa.

Durante mucho tiempo, la conversación giró alrededor de cuánto podía ofrecer un vino. Más capas aromáticas, más estructura, más intensidad y más años de evolución.

El fenómeno glou-glou propone mirar otra cosa: Cuánto disfrutamos realmente de tomarlo.

Un vino puede ser complejo, profundo y técnicamente impecable. Pero también puede ser pesado. Y, a veces, el mundo del vino parece haber olvidado que una de las mejores virtudes de una botella es que dé ganas de seguir bebiendo.

Quizás por eso este término se volvió tan popular, especialmente dentro del universo de los vinos naturales y de baja intervención, aunque no todo vino natural sea glou-glou ni todo glou-glou tenga que ser natural.

El concepto describe, sobre todo, una experiencia. Vinos frescos, directos y fáciles de disfrutar, pensados para beber ahora.

Y ahí puede estar una de las oportunidades más interesantes para el futuro del vino.

No se trata de renunciar a la complejidad, a la historia o a la capacidad de evolucionar. Se trata de recuperar algo mucho más simple.

Hacer vinos que no solo den ganas de analizarlos, sino también de servir otra copa.

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