Los vinos de clima extremo nacen en lugares donde la vid enfrenta condiciones fuera de lo común: grandes alturas, frío intenso, sequía, viento y suelos volcánicos. Estos son algunos de los viñedos que llevan la viticultura hasta sus límites.
Cuando pensamos en un viñedo, probablemente imaginamos un paisaje de clima templado, con hileras de plantas y condiciones relativamente previsibles. Pero la vid puede crecer en lugares mucho más difíciles.
Hay viñedos de gran altura, regiones desérticas, zonas de frío extremo e islas volcánicas donde cultivar uvas exige adaptar cada decisión al ambiente. En estos territorios, el clima no es un detalle: es uno de los principales factores que define el trabajo en la viña y el estilo de los vinos.
Vinos de altura: viñedos extremos de Argentina
Argentina tiene algunos de los ejemplos más interesantes de viticultura de altura. En los Valles Calchaquíes, en la provincia de Salta, los viñedos se encuentran aproximadamente entre los 1.600 y más de 3.100 metros sobre el nivel del mar. La combinación de clima árido, intensa radiación solar y gran amplitud térmica crea condiciones muy particulares para la vid.
En la Quebrada de Humahuaca, en la provincia de Jujuy, la viticultura llega todavía más alto. Wines of Argentina señala un viñedo en Uquía, a unos 3.330 metros de altura, como el punto más elevado de la viticultura argentina.
A esa altura, el ambiente es seco y la radiación solar es intensa, mientras que las noches pueden ser muy frías. La amplitud térmica y las características del clima influyen sobre la maduración de las uvas y sobre la composición de las bayas.
El extremo opuesto aparece en la Patagonia. Allí la latitud, el frío y los vientos se convierten en protagonistas. En Chubut, por ejemplo, proyectos vitivinícolas como los del Valle de Trevelin trabajan en una de las zonas más australes de la viticultura argentina.
Viñedos en climas extremos: volcanes, frío y sequía
Lanzarote ofrece otro ejemplo extraordinario de viticultura en condiciones extremas. En La Geria, las vides crecen dentro de hoyos excavados en cenizas volcánicas y protegidas por pequeños muros de piedra que las resguardan del viento. La ceniza volcánica ayuda además a conservar la humedad en un territorio donde las precipitaciones son escasas.
El paisaje parece poco compatible con la agricultura, pero allí se cultivan variedades como la Malvasía Volcánica y la Listán Negro. La técnica de cultivo se desarrolló precisamente a partir de las condiciones particulares de la isla.
En el otro extremo climático aparece Noruega. La producción de vino todavía es pequeña, pero existen viñedos en el sur del país y junto a algunos fiordos protegidos. Las temporadas de crecimiento son cortas y las temperaturas bajas, por lo que los productores recurren a variedades capaces de madurar temprano y soportar condiciones frías.
Estos ejemplos muestran que no existe un único modelo de viñedo. La vid puede adaptarse a la altura, al frío, a la sequía o a un suelo volcánico, siempre que encuentre las condiciones necesarias para completar su ciclo.
Los vinos de clima extremo son, en definitiva, una expresión directa de esa adaptación. Cada botella cuenta algo del lugar donde nació: su temperatura, su altitud, sus vientos, sus suelos y las decisiones que hicieron posible cultivar allí donde, a primera vista, parecía imposible.
Más información
Los viñedos más altos del mundo: un recorrido por los viñedos que desafían la altitud y llevan la viticultura a lugares extraordinarios.
Si querés profundizar en algunos de los temas que aparecen en esta nota, escuchá estos episodios del podcast.
Episodio 371: Vinos tintos de clima frío: las regiones de clima frío que, además de sus tradicionales vinos blancos, están produciendo tintos con gran frescura y personalidad.








